Asistencia personal dia_mujer_2012

Published on marzo 8th, 2017 | by admin

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LOS CUIDADOS SON REVOLUCIONARIOS

Cuidado, estoy aprendiendo a cuidar de forma revolucionaria.
Cuidado, ya no cuido a los que tienen el privilegio de ser cuidados gratis.
Cuidado, cuido a mis compis y ellas cuidan de mí.
Cuidado, cuidar es pensar.

Escribo desde mi posición de mujer y de asistente personal.

El cuidado ha cruzado mi vida y sigue cruzándola, ahora aprendo cómo quiero cuidarme, cuidar y ser cuidada.

Cuidar no es solo cuidar de las personas enfermas, diversas, de las que se dice que no pueden por sí solas. Cuidar es estar presente y dar importancia a las diferentes necesidades que cada una trae consigo.

Cuidarse no es solo ponerse guapas para gustar a los machos, cuidarse es estar bien con una misma, tomarse un tiempo, darse un aire, conocer nuestros cuerpos y nuestros entornos.

Cuidar es que todas toditas podamos cuidarnos y cuidar y ser cuidadas en todo momento de la vida cotidiana. Desde la dignidad y el respeto. Desde la alegría y la libertad. Desde el aprendizaje conjunto. Para así hacerle frente a un sistema que nos quiere todas iguales, asustadas y calladas, y las que no encajan, pues que “se jodan”. Y “nos joden”; y mucho.

Los cuidados son variados, así como son variadas las personas. Luego, una se da cuenta que lo que nos hace feliz es casi lo mismo y que compartimos más de lo que creemos por tener o no tener cresta, ser vertical o rodar en silla.

Si los cuidados son herramientas, pues la asistencia personal es una labor que permite a una persona con diversidad funcional poner en acción su cuidado hacia-con el mundo. Porque a través de mí, asistente personal, puede cuidarse, cuidar y tener acceso a todas aquellas acciones de la vida diaria que nos hacen personas, comer, cagar, lavar, conversar, relacionarse, follar, estudiar, trabajar, pasear, viajar… La asistencia personal habla de los cuidados en este sentido, porque yo no estoy cuidando de la persona con la que trabajo. No soy su cuidadora, su supervisora, soy su asistente, su acompañante en las tareas que no puede hacer sola, pero no decido por ella, no decido sus cuidados y su forma de cuidar.
Más bien, nos cuidamos recíprocamente, pensamos la una sobre la otra, nos repensamos también juntas, y así podemos fluir en la cotidianidad de forma alegre y placentera.

En estos momentos, la asistencia personal es un trabajo precario, un trabajo que el estado quiere profesionalizar para hacernos creer que así será un servicio público y subirá el sueldo, mientras en realidad seguirá siendo poco valorado, poco accesible y mal pagado. Es muy probable que a comienzo de 2018, la mayoría de las que en la actualidad estamos trabajando en la asistencia personal, nos quedaremos sin curro; y las personas participantes, sin asistentes personales, es decir, que no podrán levantarse de la cama, ni comer, ni ir al baño, ni al trabajo, ni a ningún lado. ¿La justificación? Profesionalizar, es decir, la obligación de tener un título de técnico socio-sanitario –que no de asistente personal, ya que legalmente esta figura laboral no existe- para poder trabajar en este campo.

Y ahí estamos, otra vez, con la maldita manía de profesionalizar, en este caso los cuidados, para que se transformen en mera rutina mecánica, estandarizada y definida en algún manual.
Mientras que una de las cosas interesantes de esta labor es que no es necesaria ninguna formación profesional o técnica, ya que es tu propia jefa o jefe quién te forma y te enseña cuáles son sus necesidades y sus formas de cuidados, no un profesor en una clase a kilómetros de distancia de la realidad en que la gente vive.

Actualmente, la asistencia personal es un servicio que llega a muy pocas personas para que puedan vivir de forma independiente. Hoy, muchas personas con diversidad funcional no han podido venir a la marcha porque nadie las ha podido o querido acompañar, no porque ellas así lo decidiesen. Si tuviesen asistencia personal, podrían, si quisieran, venir acá con todas nosotras y mostrarse. Y todas nos estaríamos enriqueciendo un montón, porque seríamos una masa compuesta por muchas cuerpas, historias, experiencias diferentes, y al final seríamos todas similares porque nos terminaríamos reconociéndonos las unas en las otras.

Tal vez es desde ahí que es bueno empezar para destruir este sistema perverso…romper las diferencias supuestamente naturales que son solo mecanismos de control para que estemos todas, otra vez, separadas. Mientras que los cuidados están relegados a los hospitales y las residencias donde, por cierto, es muy probable que terminemos cuando seremos viejitas. Lo que pasa es que ya no sabemos cuidar, solo nos dicen que tenemos que cuidar de la casa y de los hijos, de nuestro cuerpo y del medio ambiente, pero siempre mediadas a través de otras figuras con autoridad, padre, madre, médicos, policías, ongs, iglesia, escuela.

Como escribe Johanna Hedva en Teoría de la Mujer Enferma, “la protesta más anti-capitalista que se puede hacer es cuidar de otra persona y cuidar de ti misma. Enfrentar la practica históricamente feminizada (y por lo tanto invisible) de asistir, nutrir, cuidar y preocuparse. Tomarnos en serio en cuanto a nuestras vulnerabilidades, fragilidades y precariedades, y apoyarlo, honrarlo, respetarlo, empoderarlo. Protegernos mutuamente, promulgar y practicar comunidad. Una hermandad radical, una sociedad interdependiente, una política de cuidado”.

Y ahora acá estamos, un día 8 de marzo en una marcha codo con codo con nuestras compis, y es lindo caminar así, y poderlo hacer cuando nos salga del coño mucho más, porque yo sinceramente no creo en estas conmemoraciones que terminan siendo como la navidad y la semana santa, con un toque revolucionario. Pero creo que en estos momentos, así como en otros, podemos acercarnos a las otras y descubrir cómo podemos hilar afinidades por acá y por allá. Cómo transformar los cuidados en nuestra herramienta de lucha cotidiana.

Si seguimos construyendo alianzas y afinidades basadas en el intercambio de herramientas para hacer frente a la cotidianidad, esta masa será cada vez más fuerte y más difícil de romper, como un escudo ante la imposición y la opresión, cada una con sus instrumentos en su puesto de combate, pero acompañada por las otras, las infaltables otras…

Para terminar, os dejo el enlace al texto de Johanna Hedva, que hace leí unos meses y me hizo reflexionar sobre todo eso que acabo de escribir: http://kohl.club/2016/03/27/teoria-de-la-mujer-enferma/

V Casara, asistente personal en la lucha.


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